De paseo por el supermercado
Los grandes supermercados de mi barrio (Carrefour, E-Mart o Wumei) tienen básicamente dos atracciones principales: una de ellas es toda la comida rara expuesta en las góndolas, la otra somos nosotros dos.
Aparentemente no hay nada más interesante que quedarse parado al lado nuestro y mirar sin un ápice de timidez primero nuestras caras, después nuestra facha y por último meter la nariz en nuestro carrito y estudiar cada cosa que compramos, señalándola con el dedo. ¿Qué comen los laowai (extranjeros)? ¿Qué compran? ¿Cuánto compran? A veces se quedan realmente atónitos, como si les resultara harto inconcebible la comida que nosotros compramos, tanto como a nosotros nos resulta la de ellos. De repente, las mismas algas, los mismos hongos, el mismo pato acaramelado que comen ellos, toma un dejo de exotismo cuando se encuentra en el carrito de los extranjeros. Yo ni me inmuto y me asomo a mi vez en el carrito de ellos, inspeccionando lo que compran. Y además, como acá todos hacen lo que quieren sin conocer la palabra "vergüenza", yo agarro mi cámara de fotos y les devuelvo curiosidad con curiosidad.
Para nosotros, ir al supermercado sigue siendo después de casi dos meses de vida china un paseo como el del botánico o el del zoológico.
Para empezar, está lleno de verdura desconocida, ya que para ellos cada pasto, cada yuyo, cada alga, cada raíz, entra en la categoría verdura y va a parar al wok. Tienen frutas que no compro, porque no tengo idea de cómo las tengo que comer. Hay 6 variedades de melones, de los cuales algunos se comen cocidos, como plato de verdura y otros como fruta. Tienen una sandía que por dentro es amarilla, de mucha mas consistencia que la roja, y más dulce también. Los mangos, en sus diferentes tamaños y categorías, siguen siendo la fruta más barata, así como la soja, vendida suelta en enormes tachos, se lleva el primer premio de las verduras. Otro hit son los hongos, de los cuales existen a la venta muchas variedades; algunos, incluso, se pueden comprar con tierra y todo, para que cada uno juegue en su casa a Gárgamel haciendo pelota a los pitufos. 

La cantidad de animales, vivos, muertos o vivos-muertos que se venden es impresionante: Aves resecas colgadas de los picos, tortugas peleándose por salir de los baldes, montones de langostinos frescos o deshidratados, tachos enormes repletos de moluscos, algas y membranas de quién sabe qué bicho, pezuñas de chancho, patas de gallina y una sospechosamente amplia oferta en carnes.
Existen por lo menos 10 variedades diferentes de arroz, expuestas en grandes tarros y vendidas al peso. Los chinos pasan, meten la mano, toquetean un poco esa agradable sensación del arroz escurriéndose entre los dedos y siguen de largo. Las salsas de soja ocupan un pasillo entero, lo mismo que todas las otras decenas de salsas picantes y aceites que suelen usar. 



En la sección de comida para llevar destacan los ravioles al vapor, con distintos rellenos, y toda una gama enorme de bocaditos de arroz, a veces dulces, a veces salados, que se compran por unidad a modo de "pâtisserie".
Los lácteos son pocos, pero hay. Sobre todo se toman productos de soja, que no me gustan. El yogurt apareció en China hace poco y causa sensación. Las pocas marcas que se venden tienen permanentemente muchachitas en escuetas minifaldas tratando de fanatizar al público. (la foto que la saque otro).
Por último, las ofertas de la semana:
Rana fresca vendida en bandejitas de medio kilo, para lo cual a la rana entera se le deben agregar pedazos de otras ranas, cosa de llegar más o menos al peso deseado.
Y una cabeza de chancho aplastada, deshuesada y pulcramente envasada al vacío. Me la imagino fácil de transportar en la valija, así que el que quiera, no tiene más que pedir.
(¿Quién fue el tarado ese de : "Nada nuevo bajo el sol"?)






