Domingo, Avril 22, 2007

Moraleja china

A los chinos les encanta condensar su sabiduría popular en refranes de cuatro palabras que siempre vienen a cuento de alguna situación.

La historia de Hangzhou que termina con la pérdida del tren de una parte del grupo y que empieza con el almuerzo en la universidad, la falta de transporte para volver, la decisión de separarse en dos grupos, la búsqueda infructuosa de taxis, la larga caminata de Chingfén con su silencio exasperante, la vieja amiga de la facultad que aparece de la nada con su auto, podría resumirse en una simple sentencia llena de enseñanza: "El anciano perdió su caballo en la frontera".

Por supuesto que uno no tiene idea de lo que significa esta frase, que en chino contiene de verdad sólo 4 caracteres: "Sai weng shi ma". ¿Pero de qué anciano me están hablando? ¿Y de qué caballo? ¿Y cuál frontera? ¿Y por qué perdió su caballo? Y ante todo, ¿qué miércoles tiene que ver todo esto con nuestra historia de Hangzhou?

Lo que hay que saber entonces, es que el caballo del viejo que se perdió en la frontera apareció al rato acompañado de otro caballo. Con lo cual, lo que parecía ser un hecho lamentable para el pobre viejo, resultó tener en realidad un final feliz. Ahora bien, lo que hay que saber además es que el viejo, contento con sus dos caballos, le regaló uno a su hijo. Pero el hijo, ni bien montado al caballo, fue arrojado por este último con fuerza, quebrándose una pierna cuando se estrelló contra el suelo. Entonces sí que era una historia dramática, la del pobre viejo y su caballo. Pero hay que saber finalmente que, cuando la Armada pasó al día siguiente para reclutar soldados, el hijo, por haberse roto una pierna, se salvó de ir a la guerra.

La moraleja del viejo y del caballo y la frontera: nunca juzgues un hecho de manera apresurada - y de manera no apresurada mejor tampoco -, porque no conoces todas las sorpresas que te tiene reservadas aún el Destino. Lo que parece a primera vista ser malo, puede resultar al rato bueno y un día después nuevamente malo. Nadie sabrá si fue mejor para el hijo quedarse en la casa o haber ido a la Guerra. Sólo el Destino podrá decidir - pasados mil años - si la pérdida del caballo en la frontera fue finalmente una desgracia o una suerte tremenda.

Siendo así todo tan indescifrable aquí abajo, lo mejor entonces es sentarse tranquilito en el tren y callar - como ya sabemos quién -, o a lo sumo, tirar alguna que otra frasecita críptica de cuatro caracteres, como para mantenerse ocupado un buen rato y no joder.

 

Posted by LaBombaChina at 07:51:25 | Permanent Link | Comments (0) |
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