El oso-gato
Ayer estuvimos en el zoológico de Shanghai. Además de los muchos animales conocidos, la mayoría acompañados de sus crías (elefante-elefantito, jirafa-jirafita, mono-monito) la atracción principal fue sin duda el oso panda. En chino: xiongmao, lo cual quiere decir: oso-gato. Y de verdad que tienen algo gatuno y temperamental estos osos.
Para empezar, el desgraciado se sentó tranquilo de espaldas al público, contra el vidrio y se la pasó minutos enteros arrancando hojas de una ramita y manducando, sin dar bola a nadie.
Después de mucho rato se le dio entonces por agradar al público, y siempre repitiendo las mismas vueltas, se iba atrás, volvía, se acercaba hasta donde estaban los visitantes y apoyaba la cabeza contra el vidrio que nos separaba, como queriendo caricias en la cabeza. Entonces todas las chinitas gritaban al mismo tiempo "ahhhhhhhhh!". Después se paraba, otra vez la vuelta hacia atrás, volver hacia adelante, posar un rato de cara al público y después sentarse en cuclillas (de verdad en cuclillas) contra una pared, dando la espalda al público (una onda: "no quiero más lola"), hasta que de repente se tiraba hacia atrás dando una vuelta carnero para volver a levantarse. Entonces todas gritábamos: "ahhhhhhhhhh!" otra vez y así unas cuantas veces más.

Según notifican asociaciones alemanas protectoras de animales, en el zoológico de Shanghai se trata a los animales pésimo, tanto es así que lo llaman el „Horror-Zoo“. Más allá de un pobre chimpancé que estaba completamente loco, meta arrastrarse por la jaula con un puñado de paja entre las manos con el cual refregaba el piso de punta a punta, como en un ataque obsesivo de limpieza, no me pareció que el resto estuviera tan mal. Entre otras atracciones, tienen una sección de „animales domésticos“ donde exhiben en casitas decoradas con sofás y alfombritas diferentes razas de perros, siempre de a pares. A Peter le pareció un espanto, los perros ahí solos, encerrados. Pero siempre están mejor en casitas con sofás que a la cacerola. Cuando nos íbamos pasamos por la parte de los reptiles. Caminando sobre puentes, se podían ver abajo un montón de tortugas marinas, de diferentes tamaños. Nosotros nos preguntamos qué interés podía tener esa sección en un zoológico chino, cuando las mismas tortugas marinas se podían contemplar de mucho más cerca en los baldes con agua de la pescadería de Carrefour (sin contar que por un par de yuans, uno se las puede llevar a casa.) Siguiendo entonces con nuestra reflexión sobre la problemática intercultural, nos pareció que la manera en que los chinos recorren un zoológico, no puede ser igual a la nuestra. Mientras que nosotros vamos diciendo: "Mirá la boa!", "Acá está el lagarto!", "Qué linda tortuguita!", "¿A ver el San Bernardo?", ellos van diciendo: "¿Y esta qué tal a la provenzal?", "¡Uy, a la parrilla ni te cuento!", "¿Cómo te la ves saltadita en el Wok?", "¡Rajemos de acá que me está picando el bagre!".


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